Tema 8. Tipificación de impactos. Sacrificio ambiental

Nos encontramos ante un término, el de "tipificación", de enorme utilidad en las disciplinas jurídicas, pero de utilidad más relativa en materias ambientales. En los estudios de derecho, el término hace referencia a la adecuación de un hecho o una situación (sea un delito; un acto vulnerador; o una situación en general) a la figura o tipo descrito en la ley. Literalmente, el diccionario dice "tipificación: ajuste o adaptación de varias cosas semejantes al patrón de un modelo o norma común"

La gran ventaja de esta acepción es que la ley, como norma de obligado cumplimiento, está suficientemente descrita y desarrollada en el texto y, en consecuencia, la labor de tipificar consiste en clasificar de acuerdo a esos textos legales y, en esta tipificación, nada se puede agregar de nuestra cosecha, ni quitar de acuerdo a nuestros gustos o preferencias.

En materia ambiental la cuestión es muy distinta. Bien es cierto que podemos contar con un material de base que figura en el Anexo nº 1 del REAL DECRETO 1131/1988, de 30 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento para la Ejecución del Real Decreto Legislativo 1302/1986. En él aparecen distintas definiciones como: efecto simple; efecto acumulativo; efecto directo; efecto indirecto;...

Hemos podido observar la labor llevada a cabo en estos últimos años por distintos estudiosos del tema que se han aproximado a la valoración de ciertos tipos de impacto, y que toman como base para aplicar a los mismos unos pesos numéricos sobre los que establecer la valoración cuantitativa.

Lo cierto es que el resultado no pasa del terreno de lo opinable, y que según cada autor los tipos serán unos u otros, los pesos o valores que les asignan son también distintos y su interpretación diferente.

Entendemos pues la tipificación, como la agrupación en clases en que pueden dividirse las diversos impactos con que nos vamos a encontrar, en función de los diferentes aspectos que les acompañan o que queramos destacar.

A falta de una mejor sistemática de evaluación, algunos autores han propuesto basarse en una determinada tipología de impactos, para asignar valores numéricos a cada uno de sus apartados, y proceder finalmente a la suma de los valores obtenidos, proponiendo que la cifra resultante signifique la cuantía del impacto.

Esta propuesta se realiza, haciendo variar en cada caso de acuerdo con las preferencias del autor, los tipos que toman en consideración, así como los valores numéricos que asignan a cada tipo. Esta labor, en la medida en que no deje aspectos significativos sin estudiar, y al tiempo evite los solapes conceptuales, forma parte del conocimiento del problema, pero en si misma, nunca debe ser la base de la cuantificación y evaluación.

Hay varias críticas que pueden hacerse a este tipo de propuestas basadas en una tipificación a la que se añaden números:

A). No se incluye la tipología fijada por ley, o al menos la totalidad de la misma, lo que lleva a que las diferentes clases o tipos que propone cada autor sea cambiante en función de sus gustos o de sus conceptos.

B) La principal objeción que puede hacerse de esta sistemática, es que se basa en una clasificación hecha con otro fin: el de buscar un lenguaje común entre técnicos que ayude a definir una "cualidad" o característica del impacto, pero nunca para añadirle números y que la primitiva clasificación conceptual sirva como medida numérica.

Dentro del ámbito de Ciencias de la Vida en que se mueven las ciencias ambientales, podríamos plantear un ejemplo haciendo una analogía con las ciencias de la salud. Supongamos que para determinar la gravedad de unos signos de enfermedad en un paciente, fuésemos a buscar una tipificación de los mismos:

Y en base a una "tipificación" de este tipo, asignarle valores a cada uno de los apartados, sumar y obtener el valor de la "gravedad" que presenta el enfermo.

En realidad es valor resultante sería poco significativo de gravedad, y enfermedades o trastornos de muy distinto tipo podrían dar valores resultantes similares.

Así , para una enfermedad "bien conocida", que afecta a un "porcentaje elevado de población" de duración inferior a una semana, es decir "corta", que remite espontáneamente, que se cura, pero que puede dejar secuelas, podríamos obtener valores similares para situaciones tan diferentes como una simple gripe, un cólico nefrítico, o un parto.

Con este ejemplo que proponemos a modo de pequeña broma, lo que se pretende es llamar la atención del lector en el siguiente sentido: Si bien es cierto que algunos conceptos son válidos a efectos de tipificación, pueden resultar claramente insuficientes para cuantificar y valorar, a efectos de establecer una sistemática de medida en base a ellos.

Hay otros comentarios que también pueden hacerse de las tipificaciones al uso, y es que los tipos que utilizan con frecuencia son poco nítidos y se encuentran solapados entre sí. Por ejemplo a la hora de establecer impactos

Respecto a permanente/temporal, el Reglamento parece considerar permanentes a aquellos que tienen una duración indefinida. De esta forma, podrían considerarse también irreversibles o irrecuperables.

Los términos reversible y recuperable parecen hacer referencia a la recuperabilidad (y por tanto a un efecto "temporal" del tipo citado en primer lugar) en función de que el proceso se pueda producir de forma natural o espontánea, o bien ayudado por la acción humana, cuya distinción es difícil de hacer sin marcar claramente horizontes temporales.

Otros problemas de aplicación similares aparecen con los tipos simples/acumulativos. No solo por la dificultad ya comentada de establecer la "simplicidad" de un impacto, sino porque además, la acumulación puede residir en sobrepasar un límite o umbral resistente, también puede significar la potenciación o no de otros efectos, y finalmente la aparición de efectos secundarios o no previstos, por sinergia.

En otros casos, el tipo relativo a "momento" en que se hace referencia al tiempo que transcurre entre la acción causante y la aparición del impacto, tiene difícil traducción a la valoración de importancia, ya que algunos impactos gravísimos, por el hecho de tener una cierta latencia (como los producidos por la radiactividad) pueden ser valorados por estos métodos como menos graves (en relación 1 a 3) con los que el tiempo de respuesta es más corto.

Igualmente es de dudosa eficacia a efectos de cuantificación de un impacto la relación Causa-efecto que proponen algunos métodos.

 

El sacrificio ambiental

El concepto de sacrificio ambiental se basa en dos consideraciones previas:

En cuanto al inmovilismo, debemos admitir que cuando determinados sistemas llegan a una situación evolucionada de equilibrio de los ecosistemas que en ella conviven, la posibilidad de no actuar es una posibilidad que debemos estudiar y que posiblemente sea la mejor para el medio ambiente implicado.

Este razonamiento no siempre se puede aplicar a cada caso y algunas veces, debemos diferir de las asociaciones proteccionistas y de defensores de la naturaleza que, acaso con la mejor intención, propugnan siempre la no intervención como lo más adecuado. El medio ambiente, en sus múltiples y complejas interrelaciones, evoluciona de forma espontánea y a veces, lo que hoy creemos que es una situación equilibrada y estable, vemos que no es así en plazos de tiempo relativamente corto, y que una intervención humana puede no ser tan grave como en un principio hubiésemos creído.

Ante las dudas razonables de daño al medio ambiente, el inmovilismo puede ser una postura aceptable de precaución, pero tampoco podemos afirmar que será en todos los casos la mejor solución, de acuerdo a nuestros parámetros actuales de calidad ambiental.

El otro concepto indicado al principio se basa en la consideración de que los proyectos y acciones concretas derivadas de la actividad humana que persiguen beneficios económicos y sociales, suelen llevar implícito un empleo de recursos medioambientales (emplean suelo, agua, modifican los cursos hidráulicos, afectan a la erosión, ejercen una mayor presión sobre los hábitats circundantes, etc.) en definitiva tienen un coste ambiental. Como ese "coste" es difícil de establecer en términos económicos, es preferible hablar de un "sacrificio ambiental" a cambio del logro de determinados fines sociales.

El objetivo de los estudios de Impacto ambiental es el de obtener los máximos beneficios sociales con el mínimo sacrificio ambiental. En ello se basa el empleo de los bienes

medioambientales con la máxima dignidad, sin despilfarros innecesarios, y toda vez que ello redunda en un claro beneficio social.

Otro tema distinto es si estamos de acuerdo o no en que los objetivos perseguibles por la colectividad son el máximo crecimiento de la economía; el aumento de la productividad; o el subir puestos en el listado de comunidades más "ricas", más "prósperas" e "influyentes" tomando para ello como único parámetro de medida el económico.

Por desgracia, en estas fechas aun estamos lejos de aprobar una gestión de los responsables de nuestra comunidad en la que se presente un crecimiento económico menor del posible en base a un aumento de la calidad de vida; de la recuperación de determinados ecosistemas o hábitats; o que planifique mayores inversiones en actuaciones ambientales, no recuperables económicamente.